Un armenio, Señor de Madrid

Un armenio, Señor de Madrid

Este fin de semana os proponemos una ruta para conocer el Madrid Medieval, una época muy desconocida para los habitantes que hoy paseamos por sus calles, pero llena de acontecimientos que transformarían la villa y la abonarían para convertirse posteriormente en el lugar donde ubicar la capital. Hoy os traemos uno de tantos hechos curiosos y pintorescos que ocurrieron en aquellos tiempos.

De cómo un armenio se convirtió en el primer y único señor feudal de la villa de Madrid.

En el siglo XI el pueblo armenio, asediado por el avance de las tropas de los turcos selyúcidas, decide huir de las tierras que ocupaba en el Cáucaso hacia el oeste. Algunos de estos armenios, liderados por el rey Rupen I, lograron la protección del reino Bizantino y acabarían fundado en la región bizantina de Cilicia el Principado Armenio de Cilicia o la llamada la Pequeña Armenia. Este pequeño reino se implicó en las grandes Cruzadas occidentales de los siglos XII y XIII, no en vano había sido el primer pueblo en declarar como religión oficial el cristianismo en el año 301 d.C. 

Las Cruzadas atrajeron al país a numerosos aventureros, entre ellos los Lusignan, una poderosa familia de origen francés que acabaría emparentando con la realeza armenia y convirtiéndose ellos mismos en reyes de Armenia. Pero en 1375 los mamelucos logran la rendición del último rey armenio, León V, quién había sido coronado soberano apenas un año antes. León V tiene entonces dos opciones: apostatar de su religión y conservar el trono aceptando una Pequeña Armenia como reino musulmán dependiente de Egipto o mantener su Fe y renunciar a su reino. León V se negó a apostatar. A partir de ese momento su vida se convierte en un largo periplo que le lleva a estar preso durante varios años en El Cairo. Pero León V no desistió de buscar una alma cristiana dispuesta a pagar su liberación, para ello utilizó a su confesor, un fraile cristiano francés de nombre Juan D Árdel, como emisario de sus ruegos a diferentes cortes cristianas. Tras siete años de encierro, su suerte cambió.

Enterado el rey castellano Juan I de la desgraciada suerte del armenio, se prestó a negociar el rescate y envió una embajada con joyas, dineros y halcones, (sí halcones) al Cairo. Los regalos castellanos fueron muy bien acogidos en Egipto, en un momento de luchas internas por el poder del sultanato. De este modo el desdichado rey sin reino, León V, abandonó su prisión y emprendió viaje a Europa. Visitó al papa Clemente VII e intentó convencerle de la necesidad de una Cruzada para recuperar su reino perdido. Continuó viaje por Europa y finalmente llegó a Castilla para mostrar su agradecimiento al rey Juan I, quién impresionado por el relato del rey armenio, y no concibiendo que un rey no tuviera reino donde reinar, le concedió la villa de Madrid como señorío feudal, añadiendo las de Andújar y Villareal. Y he aquí el problema.

Madrid había sido desde su conquista cristiana, una villa de realengo, y como tal, carecía de señor que hiciera y deshiciera a su antojo, su única pleitesía se la debía al rey, quien a su vez había ratificado el Fuero de Madrid de 1202 que concedía amplias prerrogativas y privilegios y que había sido redactado por el propio concejo de la Villa. El regalo de Juan I a León V afectaba directamente a los vecinos de Madrid y estos no tardaron en levantar la voz en contra de la “generosidad” del castellano con el armenio. Juan I se encontró entonces en la complicada situación de, o bien enfrentarse a sus súbditos, quienes no dejaban sino de reivindicar los que les era propio, o desdecirse de su promesa frente a otro rey cristiano.

El rey castellano encontró la solución declarando que el señorío solo tendría vigencia mientras viviera León V y que este no podría por tanto disponer de él, ni concederlo, ni otorgarlo a otra persona, ni sus parientes heredarlo, además el monarca se comprometía a que una vez fallecido León V, la villa volvería a su anterior condición.

Aclaradas las condiciones en que se le concedía al armenio ser el primer ( y el único que hubo) señor feudal de Madrid, se instaló en el Alcázar Real. Sin embargo, apenas pasó unos meses en la villa. Empeñado aún en recuperar su antiguo reino emprendió numerosos viajes a diferentes reinos cristianos, a fin de lograr la tan deseada cruzada que le colocará de nuevo en el trono de la Pequeña Armenia. No tuvo éxito, pero tampoco quería regresar a Madrid por lo que decidió refugiarse en Francia, tierra de sus antepasados, eso sí, mientras, seguía cobrando las rentas de sus señoríos castellanos. Solo volvería a tierras de Castilla con ocasión del funeral de Juan I, en 1390 para rendir el último adiós a quién le había sacado de prisión. Unos meses después los madrileños convencían al nuevo rey Enrique III de corregir el error de su padre y en 1391 Madrid volvía a su condición de realengo. León V había sido despojado de sus territorios por segunda vez.

Curiosamente la embajada de Armenia se levanta hoy sobre ese Madrid Medieval, junto a la antigua muralla y enfrente de la Catedral. Os invitamos a conocer mejor este Madrid curioso y lleno de historia en nuestra visita de este fin de semana: Madrid antes de Madrid.

león v de armenia

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