Maravillarse y curiosear

 Se van acercando las navidades y con ellas unos días libres para poder disfrutar del hogar, la familia y los amigos, siempre y cuando podamos sobrevivir a la vorágine de compras, eventos y comilonas que se suceden.  Una buena alternativa a estas es ir a visitar un museo en buena compañía. Madrid ofrece muchísimas opciones, pero ¿alguna vez os habéis preguntado cuál es el origen de los museos?

 Etimológicamente hablando la palabra museo viene del latín «museum” y esta a su vez del término griego Μουσείον que hace referencia al lugar de las Musas, pero no es este el origen del que  queremos tratar, sino de cuándo surgió la idea de  crear un espacio donde se expusieran diferentes objetos con el fin de ser contemplados, para ello nos tenemos que remontar cinco siglos atrás.

 Durante los siglos XV, XVI y XVII se produjo una auténtica revolución cultural que tuvo varios hitos importantes  pero de los que queremos destacar dos: la imprenta y los viajes de exploración. La primera permitió un salto cuantitativo y cualitativo en la difusión de conocimientos e información. Los segundos supusieron el encuentro con nuevos espacios geográficos ocupados por gentes con diferentes formas de vida, costumbres, creencias y cosmovisiones, lo que produciría un fuerte impacto cultural, emocional y vital ( especialmente para los nativos). Un encontronazo que tal vez solo se puede  entender si hacemos un ejercicio de imaginación y pensamos en cómo sería llegar a un nuevo planeta habitado, o que una nave de alienígenas aterrizara en la Puerta del Sol.

 Evidentemente el descubrimiento de mundos tan diferentes a los propios, llamó la atención y despertó la curiosidad. Al regreso de sus viajes los exploradores traían consigo plantas, animales, minerales, objetos elaborados por los habitantes de tan lejanas tierras, e incluso a los propios habitantes ataviados con sus ropas , en un intento de dar cuenta de los frutos de su viaje y de poder explicar lo que no podían contar solo con palabras. Para los europeos de entonces, todo ello producía una mezcla de extrañeza y atracción que enseguida captó el deseo y la curiosidad de las familias más nobles y ricas que ansiaban hacerse con ejemplos de esa fauna, flora, minerología y arte tan diferentes y que marcaban así su diferencia de estatus y clase al hacerse con objetos tan raros y por ello  tan cotizados.  La obsesión de algunos personajes por hacerse con estos objetos les llevó a coleccionarlos de forma masiva y a crear en sus casas un espacio diferenciado donde tenerlos. Nacen así los llamados “Gabinetes de curiosidades” o  los “Cuartos de maravillas” que atesoraban toda clase de elementos curiosos, extraños, extravagantes, y que mezclaban lo exótico de otras tierras con lo legendario de las propias o los nuevos inventos. Así en un gabinete de este tipo se podía encontrar desde un papagayo disecado o una vasija mochica, a una reliquia de un santo, un bote que decía contener sangre de dragón, o los inventos más innovadores del momento. Todo cabía: momias, calaveras, cuadros, esculturas, animales disecados, trajes estrafalarios, maquetas de aparatos de guerra… Pero estas colecciones se mantenían dentro del ámbito privado  y solo se mostraban a amigos y familiares o con la excusa de algún evento social en la casa. Muchos reyes contaron con su propio cuarto de maravillas en sus palacios, como Pedro el Grande de Rusia o Rodolfo II de Hasburgo.

 La primera vez que surge la idea de abrir un espacio de tales características al público fue en Inglaterra,  concretamente en Oxford. El 6 de junio de 1683  se abrieron las puertas del “Museo” Ashmolean, y Robert Plot  se convirtió en el primer director de un museo (al menos que esté documentado). El museo recogía las colecciones de los gabinetes de curiosidades de  Elias Ashmole y John Tradescant e hijo. Asmole había sido político, anticuario, alquimista y astrólogo y por su  parte Tradescant había sido un naturalista, botánico y explorador.  Sin duda este primer “museo” era un auténtico gabinete de curiosidades.

Posteriormente en el siglo XVIII se fueron abriendo otros espacios, pero con un carácter más especializado y un tratamiento de las colecciones más científico tomando la forma y las características de lo que entendemos hoy por museo, un nombre por otro lado muy bien escogido si recordamos que las tres primeras Musas eran:  Meletea (‘meditación’), Mnemea(‘memoria’) y  Aedea, (‘canto’, ‘voz’) y  tenemos en cuenta que la función de cualquier museo es conservar y preservar la historia bien de las personas, bien de la naturaleza, para animarnos a reflexionar y comprender mejor el mundo que nos rodea.

gabinete de curiosidades 2

gabinete de curiosidades 1

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