Una Duquesa poco común

Una Duquesa poco común

 

María Josefa de la Soledad Alfonso-Pimentel y Téllez Girón (1752-1834) fue una de las damas más admiradas de su época. No destacaba por su belleza, pero su porte, su elegancia y sobre todo su inteligencia y refinada cultura la convirtieron en una de las mujeres más influyentes del momento.

Era hija de Francisco Alfonso Pimentel y Borja, XI Duque de Benavente y de su segunda esposa María Faustina Téllez Girón y, a falta de otros hijos, a los 11 años se convirtió en heredera absoluta de los títulos y fortuna de la Casa de los Benavente y Pimentel. Su madre consciente de los valores que reunía su hija, tanto heredados como personales, planeó un matrimonio que estuviese a su altura en dignidad, pero que no le hiciera sombra. Encontró al candidato perfecto dentro de la misma familia: M.ª Josefa se casaría con su primo Pedro de Alcántara Téllez Girón, de la muy noble Casa de Osuna, pero hijo segundo. Sin embargo , unos días antes del enlace el primogénito de la Casa de Osuna falleció. La madre de M.ª Josefa quiso romper el compromiso, pero los contrayentes se opusieron y finalmente la boda se celebró, convirtiéndose M.ª Josefa en Duquesa consorte de Osuna, si bien siempre se hizo nombrar con el nombre de su familia, Duquesa de Benavente.

No fue esta la única peculiaridad de este matrimonio. Frente a la costumbre de que el varón fuera mayor que la mujer que desposaba, la Duquesa de Benavente era unos años mayor que su esposo. También se trató de un matrimonio bienavenido, ambos estaban interesados en las novedades, la filosofía, el arte y la introducción de reformas. El Duque era miembro de la Real Sociedad Matritense de Amigos del Pais y la Duquesa quiso entrar en la Sociedad dadas sus inquietudes intelectuales y filantrópicas. Su ingreso en 1786 y el de M.ª Isidra Quintina de Guzmán y de la Cerda, otra mujer muy avanzada a su época que logró convertirse en la primera mujer en doctorarse en España, sembraron la división entre los miembros. Algunos intelectuales como Jovellanos defendía la participación de mujeres. En el sector opuesto, Cabarrús lideró el discurso en contra de su entrada. Finalmente Carlos III adoptó una solución: creó la Junta de Damas de Honor y Mérito, una sección dentro de la Real Sociedad Matritense de Amigos del Pais que permitía la salida al espacio público de las mujeres, siendo la primera sociedad no religiosa donde las mujeres podían acometer acciones con carácter filantrópico. La Duquesa de Benavente se convirtió en la Presidenta y bajo su dirección y siguiendo el lema de la Sociedad “Socorre enseñando” supervisaron diferentes escuelas destinadas a dar una profesión a las mujeres del pueblo como  la  Escuela de Bordados y la Escuela de Flores Artificiales, y gestionaron la Real Inclusa, consiguiendo reducir la mortalidad del 87% al 34%. Intentaron dar solución al alto nivel de analfabetismo entre la población femenina desarrollando la Enseñanza Mutua, donde se suplía la falta de maestros mediante la enseñanza de la alumnas más avanzadas a las alumnas más pequeñas.

La Duquesa de Benavente además se convirtió  en mecenas y anfitriona  de artistas, músicos, literatos e intelectuales. Aunque otras damas organizaban reuniones en sus palacios, el salón de la Duquesa de Benavente fue el más moderno y activo a finales del siglo XVIII. Se cuenta que las reuniones de la  Duquesa de Alba y la Duquesa de Benavente rivalizaban en lujo y fastuosidad. En realidad ambas eran amigas y sus salones bien diferentes. La Duquesa de Alba no tenía pretensiones intelectuales o sociales y sus gustos eran más castizos. Frente a ella, La Duquesa de Benavente tenía una tendencia más afrancesada y una enorme curiosidad, como lo demostraba una biblioteca  plagada de títulos curiosos e incluso libros prohibidos.

En su finca de la Alameda de Osuna, la Duquesa de Benavente dio rienda suelta a sus intereses y gustos. El Capricho se convirtió en la finca de recreo de los Duques de Osuna, lo suficientemente alejada para poder refugiarse al margen de la actividad de la Corte, pero también lo suficientemente cercana para seguir ejerciendo influencia en ella. El Parque de El Capricho fue el proyecto personal de la duquesa, al que dedicó tiempo, recursos y cariño. En su construcción participaron numerosos artistas y nada en ella es casual, cada rincón tiene una función, una evocación, una inquietud reflejo del espíritu curioso y despierto de una duquesa muy poco común.

Este fin de semana os invitamos a conocer este espacio único y descubrir la personalidad de una mujer y de una época en nuestra visita “El Capricho de los Osuna”

duquesa de osuna

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