¿Un objeto cotidiano puede tener valor artístico?

Dentro de un año se celebra el centenario de una de las obras de arte más revolucionarias del siglo XX y seguramente de toda la Historia del Arte, La Fuente de Marcel Duchamp, que quizá os suene más como el urinario de Duchamp, un retrete sacado de su espacio habitual y expuesto en una galería como objeto de arte. Estamos hablando de una obra creada hace ya cien años, momento de convulsión artística surgida de un contexto social, político e histórico en los márgenes de no una sino dos guerras mundiales. En aquel momento las vanguardias buscaron una dimensión política de las creaciones, buscando nuevas funciones y valores del Arte y configurando otras relaciones de poder. Luchar contra las tradiciones, ejercitar la libertad individual de expresión y entregarse a lo experimental y la innovación fueron algunas de las características que acompañaron obras tan polémicas como la de Duchamp, pero cien años después ¿todo vale en el mundo del Arte?

Entre el 24 y el 28 de febrero se celebra una vez más en Madrid ARCO, una de las ferias de Arte Contemporáneo más controvertidas por las polémicas que suscitan las obras que en ella se presentan cada año. Ya en 2007 fue noticia un cuadro pintado por niños de tres años y colgado a escondidas  por un programa de televisión para grabar las opiniones de los asistentes, pero esta no es la única polémica que acompaña a la feria. El año pasado el artista cubano Wilfredo Prieto suscitó admiración y crítica por igual con su vaso de agua medio lleno, o medio vacío, según se mire. Pero, ¿realmente un vaso de agua puede ser objeto de arte?

Si encuadramos el retrete de Duchamp en su contexto socio-histórico podemos entender la nueva dimensión que éste y otros artistas dieron a objetos cotidianos, pero un siglo después, todo esto se repite. ¿Copia? ¿Originalidad? ¿Cara dura?

Quizá el problema de este tipo de obras no resida en su valor como objeto de arte, pues en el espectador queda la libertad de sentir emoción, repulsa o admiración ante cualquier objeto o supuesta manifestación artística. Quizá el problema resida realmente en la comercialización que se hace del nombre del artista. Y es que el precio del vaso de agua de Wilfredo Prieto no es baladí, pues estamos hablando de 20.000 euros que como bien dice el artista, es una obra que él mismo puede reponer. Está bien polemizar, trascender, innovar, pensar que esta obra es conceptual, pero atendiendo más al placer o displacer de los espectadores y no tanto a un tema de oferta y demanda del mercado. Si Wilfredo Prieto no hubiera estado apadrinado por una de las galerías internacionales más potente del momento, ¿estaríamos hablando del vaso de agua?

Veamos qué nos depara este año la feria…

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