¿Sabías qué…

..Lope de Vega además de escribir más de 1.500 obras de teatro y 3.000 sonetos, también tuvo una intensa vida sentimental. Su última amante fue Marta Nevares, a la que conoció en 1616 siendo ya sacerdote cuando él ya contaba cincuenta y cuatro años, y ella tan solo venticinco. A pesar de su juventud Marta enfermó. Hacia 1622 Marta empezó a quedarse ciega hasta que en 1627 perdió la vista completamente. Hacia 1628 padece sus primeros ataques de locura, muriendo en la casa del poeta en la primavera de 1632. Durante todo ese tiempo el poeta siguió escribiendo, compaginando su trabajo con los cuidados a su amada y tras su muerte le dedicó su Egloga a Amarilis, que contiene estos versos:

Cuando yo vi mis luces eclipsarse,
cuando yo vi mi sol oscurecerse
mis verdes esmeraldas enlutarse
y mis puras estrellas esconderse,
no puede mi desdicha ponderarse,
ni mi grave dolor encarecerse,
ni puede aquí sin lágrimas decirse
cómo se fue mi sol al despedirse.

.Aunque Cervantes ha pasado a la Historia como “El Manco de Lepanto”, nunca llegó a perder el brazo. El 7 de octubre de 1571, Cervantes se encontraba mal y con fiebre por lo que su capitán le encomendó que quedase en cubierta, no obstante Cervantes se empeñó en participar en la batalla de Lepanto, donde recibió dos arcabuzazos que le dejaron malherido el brazo izquierdo. Sin embargo, la mano no le llegaría a ser cortada, si bien el trozo de plomo le seccionó un nervio y perdió el movimiento. Con todo, tras seis meses en un hospital de Messina, Cervantes volvió a su vida de soldado y participó en las contiendas de Navarino, Corfú y Túnez.

. Quien sí era manco, era Valle Inclán que perdió el brazo en una de las numerosas discusiones sacadas de quicio en las tertulias de los cafés de moda del momento. A Valle le encantaba polemizar y llevar la contraria, y lo que empezaba como una chanza o un juego, por su carácter vehemente acababa muchas veces en acalorada discusión. Fue eso lo que ocurrió una noche de julio de 1899 cuando Valle Inclán intervino en una conversación que estaban teniendo unos contertulios en el Café de la Montaña sobre el posible duelo entre un joven aristócrata andaluz, López del Castillo, y el caricaturista portugués Leal da Cámara, quienes habían tenido sus diferencias en el Paseo de la Castellana sobre el valor personal de lusos e hispanos. Valle levantó su voz por encima de los demás y Manuel Bueno harto de la discusión,la alzó aún más argumentando¡Señores, todo lo que ustedes están diciendo carece de validez! ¡Leal da Cámara es menor de edad y no podrá batirse! Valle-Inclán, dolido, le contestóNo sea usted majadero, que usted no sabe una palabra de eso” a la par que cogió una botella para estampársela a Manuel Bueno. Este para defenderse agarró su bastón y golpeó a Valle en el brazo. Valle Inclán acudió a la Casa de Socorro, donde le realizaron una pequeña cura y le vendaron el brazo. Al día siguiente se despertó con una enorme inflamación. Llevado otra vez a la Casa de Salud, esta vez a la Castellana, el médico diagnosticó que el hueso había estallado y que era imposible reparar y ante la enorme infección lo aconsejable era amputar. A pesar del carácter de D. Ramon de Valle Inclán, curiosamente cuando ya repuesto volvió a coincidir con Manuel Bueno, Valle le dijo: “Mira, Bueno, lo pasado, pasado está. Aún me queda la mano derecha para estrechar la tuya. Y no te preocupes, que aún me queda el otro brazo, que es el de escribir”. El altercado con todo no suavizó el temperamento de Valle, que siguió polemizando y discutiendo con todos y por todo.

.A pesar de la fama de misógino de Quevedo, este acabó cansándose en 1634 con Esperanza de Mendoza, señora de Cetina, viuda y con hijos. Las presiones del Duque de Medinaceli y especialmente de la mujer de este para que Quevedo se desposara y abandonara su vida de solterón pudieron más que la adversión de Quevedo hacia el matrimonio. Eso sí su vida de casado apenas duró tres meses. Vivió también durante mucho tiempo amancebado con una tal Ledesma, con quien tuvo varios hijos. Asi, los especialistas dudan de la afamada misoginia de Quevedo. Las terribles palabras que dedica a las mujeres en gran parte de su obra satírica, contrastan con los más bellos poemas de amor que dio a nuestra literatura. Ante tal ambigüedad, los expertos no aclaran el misterio y simplemente sitúan a Quevedo como un autor versátil, capaz de la prosa y la lírica más enconada y también la más apasionada. Para muestra un botón:

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;
mas no, de esotra parte en la ribera,
dejará la memoria en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría
y perder el respeto a ley severa.
Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejará, no su cuidado,
serán ceniza, más tendrá sentido,
polvo serán, mas polvo enamorado.

Las historias que protagonizaron estos y otros autores se cuentan por miles. Si quieres saber más de ellos, de sus obras y de los lugares que transitaban, acompáñanos en la ruta de este fin de semana “Madrid de pluma y tintero”

 sabias que

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