Personajes de El Rastro

Jaquetón y muy plantado se pasea el tío Carcoma, por ver si encuentra una novia, muy digna de su persona.

 Así versa un sainete dedicado a uno de los personajes más populares del Madrid de los barrios bajos: el tío Carcoma. Cuentan de nuestro protagonista que fue uno de los negociantes que más rico se hizo gracias al Rastro y que le llamaban el tío Carcoma por vender muebles viejos en la zona. Curiosamente tuvo veinte casas en el barrio, pero más curiosa fue su costumbre de desayunar pan y cebolla y de almorzar verdura cocida cada día. No sabemos si era prescripción médica, una dieta o su afán por ostentar todas las casas de Lavapiés. Así de peculiar era el Carcoma.

Pero éste no es el único protagonista de nuestra entrada, que va dedicada a dos más, aunque personajes ilustres y no tan lustrosos hubiera muchos por la zona. Como el pobre músico ciego que andaba por el Rastro y al que llamaban Malacatín, derivado de “mal-la-toca”, por lo mal que entonaba las cuerdas de su guitarra. Quién le iba a decir al pobre Malacatín que más de cien años después pudiéramos seguir degustando ese cocido Madrileño en el mismo lugar donde él “mal-la-tocaba”.

¿Y qué hay de la bruja Isabel García? Con sus hechizos lograba, a veces sí, y a veces no, que las mujeres quedasen embarazadas y que los hombres consiguiesen trabajo. ¿Cómo? Ellas debían entregarle dos huevos fritos para que ésta los agujereara, metiera en ellos quién sabe qué y después los tapaba con cera. Dicen que las mujeres que querían quedarse preñadas tenían que acostarse cada noche con los huevos bajo el colchón y en el momento de concebir el acto debían recitar un extraño conjuro:

Señor San Juan, así como la gallina pone su huevo en el nido, pongo yo estos en el mío.

 No queremos imaginarnos qué harían los señores para encontrar un buen empleo…

rastro

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