Mujeres artistas

Velázquez, Goya, el Greco o Tintoretto son los apellidos de algunos de los grandes pintores que nos ha dejado la Historia del Arte, de sobra son conocidos por su maestría para pintar y por su trayectoria artística. Diego, Francisco, Doménikos, Jacobo…Todos son hombres, ¿acaso las mujeres no han tenido interés por pintar a lo largo de la Historia?

Afortunadamente sí, hombres y mujeres han compartido su pasión por la pintura, la escultura y demás expresiones artísticas a lo largo de los siglos, pero pocas oportunidades hemos tenido de conocer a mujeres artistas antes del siglo XVIII, no porque no hubiera, sino porque el sistema patriarcal no se ha interesado por ellas, o como diría Bocaccio, porque el talento era virtud de hombres y rareza entre las mujeres.

En los últimos años esta invisibilidad está dando pasos a la recopilación de datos que nos acercan a estas mujeres creadoras, dónde vivieron, dónde se formaron, qué pintaron o esculpieron, para sorpresa de Bocaccio y de quien sigue justificando que las obras hechas por mujeres no se conocen por ser obras menores (como si esa justificación hubiera servido para obras de pintores –hombres- menores, que ahora decoran las mismas paredes que los grandes).

Como fuera habitual desde la Edad Media hasta el Romanticismo, donde se ensalzaba la individualidad y la idea de artista, a lo largo de la historia, ser pintor, escultor o grabador era un trabajo gremial y como tal solía hacerse en un taller familiar donde primero se formaban como aprendices y después trabajaban como ayudantes del maestro pintor principal. Hoy es sabido que en esos talleres trabajaron tanto hombres como mujeres, a veces emparentados entre sí, pues los lazos matrimoniales era algo frecuente entre los mismos compañeros. De esos talleres de pintura se conoce que mujeres e hijas de pintores formaron muchas veces parte del equipo, eso sí, en según qué condiciones dependiendo de la permisividad del padre o del marido, claro.

Hoy conocemos nombres como el de Juana Pacheco, Dorotea y Margarita Joanes Massip, Isabel Sánchez, hija de Sánchez Coello, María Eugenia de Beer, María Blanca hija del famoso Ribera, o la sevillana Josefa Ayala, por citar sólo algunos ejemplos. Todas ellas dependientes del taller familiar pero por supuesto, con talento, o al menos el mismo que se le presupone a los hombres para poder pintar. Se podrían citar muchas más como Ana María de Mengs o la propia María del Rosario Weiss, que quien conoce la biografía de Goya sabe que era como una hija para él y que también pintaba miniaturas. Como dice Ángeles Caso en su libro “Las olvidadas”, nombres de hijas o esposas artistas reconocidas por su valía propia se repiten por toda Europa. Lievina Teerlinck, Margarethe van Eyck, Antonia Uccello, Marietta Tintoretta…

El problema de estas mujeres creadoras, y hubo muchas más, es que la mayoría fueron borradas de la historia y sus obras fueron atribuidas con el paso del tiempo a sus padres, maridos o hermanos o simplemente a pintores de su misma escuela.

De entre todas estas mujeres quizás dos nombres resuenen más porque muchas de sus obras han perdurado o por la recopilación de documentos que hablan de ellas: Sofonisba Anguissola, que llegó a trabajar en la Corte de Felipe II como compañera inseparable de la reina Isabel de Valois como retratista enmascarada de dama de compañía, porque en la Corte había que guardar las formas o la famosa Artemisia Gentileschi cuya obra durante mucho tiempo fue atribuida a su propio padre, pero de la que hoy podemos decir, es una de las grandes artistas del siglo XVII.

Escultoras como Luisa Roldán, Properzia de´Rossi, pintoras como Rachel Ruysch, Elisabeth-Sophie Chéron… ¡¿Seguimos?!

sofonisba angissola

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