La Inclusa de Madrid

Estamos tan acostumbradas a pasear por Madrid y reconocer lugares tan emblemáticos como Sol, que a veces se nos olvida que una plaza tan  famosa a la que le dio nombre una antigua puerta, un día fue un olivar y después solar de edificaciones que de ellas poco o nada quedan.

En la visita de este fin de semana finalizamos el recorrido hablando de algunas de estas construcciones como la del antiguo convento de la Victoria de la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y Angustias, más conocida como el hospital de Nuestra Señora de la Inclusa, una casa de recogida para niños expósitos en la calle Preciados fundada en 1572.

Dicen que la Inclusa recogió a muchos bebés abandonados en el torno de  la cercana parroquia de San Ginés, en el del Manzanares o en el de la Inclusa misma, una pequeña ventanita tras la que una monja esperaba para encargarse de los recién nacidos.

Muchas fueron las causas que llevaron a algunas madres a abandonar a sus hijos. La miseria, la enfermedad, los hijos ilegítimos o la soltería fueron motivos que propiciaron la única opción de garantía para la supervivencia de sus hijos: La Inclusa. Las cifras sitúan en 74 el número de niños acogidos en 1583, elevándose entre 300 y 700 niños a comienzos del siglo XVII. La primera Inclusa fue financiada con los donativos del teatro del Príncipe y de la Cruz en el barrio de las Letras o de las corridas de toros, en función de los ingresos de taquilla y después fue financiada con impuestos gestionados por la propia Corona.

En el tránsito de los siglos XVIII al XIX llegaron casi a los 1500 niños acogidos al año. Cuando la Inclusa de Sol se quedó pequeña y obsoleta, se trasladó a la calle del Soldado (hoy  Barbieri), después estuvo un tiempo en  la calle Libertad y finalmente se instaló en la calle Embajadores, junto al colegio de la Paz, un lugar donde se recogían a todas aquellas niñas menesterosas y la Casa de la Maternidad.

Durante todo el siglo XIX las cifras se mantuvieron entre 1600 y 1800 niños y niñas, aunque con algún pico que rozó casi los 2000. En las dos primeras décadas del siglo XX hay años como 1915 y 1916 en que se llegaron a recoger a casi 1700 niños para luego ir descendiendo muy lentamente. En la Inclusa de Lavapiés nos encontramos nombres como el de Eloy Gonzalo, un soldado en la guerra de Cuba a quien Madrid le hizo honor a sus hazañas en la plaza de Cascorro en El Rastro.

 En 1929 la Inclusa definitivamente se trasladó a la calle O´Donnell en el solar de lo que hoy es el actual hospital Materno Infantil. Entre 1963-1982 a pesar del descenso, se recogieron casi 600 niños y en 1982, aún 114, una cifra que demuestra que el problema del abandono de niñas y niños seguía existiendo.

Es importante señalar que hasta finales del siglo XIX el amamantamiento fue la única forma de criar a los niños y ante la incapacidad de muchas mujeres, la mejor opción fue poner a disposición de esta institución a sus hijos para que esta se hiciera cargo de su alimentación. Quizás la parte cruel de esta historia residiera en el hecho de que para que la Inclusa pudiera cumplir su papel social de crianza, hubo un tiempo en que no servía con solicitar este auxilio a la Administración sino que los niños debían ser abandonados, cuanto antes, mejor, pués así había más garantía de supervivencia.

Concluyendo esta entrada, no podemos pensar que el ingreso a la Inclusa fue el fin de los problemas. Dentro de la Inclusa fallecieron muchos niños, algunos del propio estado de abandono, por enfermedades congénitas, niñas prematuras, por discapacidad, pero otras por enfermedades infecciosas contraídas en el propio hospicio.

Además, hasta finales del siglo XVIII los niños de la Inclusa no pudieron acceder al ejercicio de oficios civiles de adultos hasta que Carlos IV dictó una cédula donde los consideraba “integrantes de la clase social de hombres buenos del estado llano, sin diferencia con los demás vasallos de la clase”.

inclusa

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