Felipe El Animoso y el duende de El Retiro

Nos remontamos a finales del siglo XVIII, cuando en España reinaba Felipe V, conocido por muchos como “El Animoso” o “Rey Loco” por sus frecuentes cambios de humor y su posible trastorno bipolar. En aquel entonces El Retiro era un auténtico vergel, protagonista indiscutible de todo un complejo palaciego de recreo que su sucesor Felipe IV se había montado para el disfrute de lujos y placeres en los  meses de descanso. Dicen que a Felipe V nunca le había gustado este lugar, pero tras el incendio del famoso Alcázar, no tuvo más remedio que trasladar su residencia habitual al Palacio del Buen Retiro y vivir allí por mucho tiempo.

Nos podemos imaginar al monarca disfrutando de los paseos en barca por el río artificial que conectaba con el famoso estanque o escuchando las magníficas serenatas del mismísimo Farinelli que había sido contratado para ahuyentar su depresión. Y es que El Retiro debía ser un increíble jardín de avenidas, estanquillos y de espacios florales muy beneficiosos para su enfermedad.

En este contexto debemos situar a nuestro auténtico protagonista. Nuestro duende. Dice la leyenda que el monarca quedaba embelesado de la rapidez con la que muchas de sus plantas crecían de la nada jornada tras jornada. Al principio pensó que era fruto de un milagro, después, obra de un pequeño duende, aunque hay quien pensara que más bien era fruto de su inestabilidad mental. Hay que recordar que el rey Felipe V a veces creía que el sol le atacaba o decía ser una rana, con lo cual, la historia del duende no quedaba lejos de sus invenciones. Pero su suerte llegó cuando algunos de sus jardineros confirmaron el prodigio de ver crecer plantas de la nada. Hay quien incluso llegó a ver también al duende. ¿Realidad? ¿Incondicionalidad al monarca? Nunca sabremos si todo esto fue invención o en realidad el duende siempre estuvo allí, aunque sólo unos pocos le vieran y le dejaran escapar.

Hoy podemos disfrutar del famoso duendecillo que hacía brotar día a día la primavera, sobre una de las jaulas de la antigua Casa de Fieras. Es obra de José Noja que lo inmortalizó en la década de los 80. ¿Queréis conocerlo?

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