Hasta pronto Munch.


Desde octubre y hasta mediados de enero el Museo Thyssen de Madrid ha expuesto en sus salas, obras del pintor y grabador expresionista noruego Munch (1806-1944) con el título “Edvard Munch. Arquetipos”, una exposición que ha recogido ochenta obras del artista donde se muestran los distintos arquetipos emocionales como el amor, el deseo, los celos, la ansiedad o la muerte y estados anímicos como la melancolía, la pasión y la sumisión. Munch solía decir de sí mismo que de igual manera que Leonardo da Vinci había estudiado anatomía humana y diseccionado cuerpos, él intentaba diseccionar almas. Pero ¿Cómo lo consiguió a través de la pintura?

Podemos decir que el motor de su vida fue siempre el arte. Para Munch las emociones se elevaban como arquetipos de la vida anímica del hombre moderno, incluso de la propia condición humana. Para poder expresarlo a través del arte, Munch dejaría de pintar la realidad visible y objetiva para representar la naturaleza como reflejo de las emociones más profundas. Supo reflejar la melancolía, el miedo aterrador del ser humano a la muerte, el pánico o la angustia a través del material usado y especialmente, a través de la textura, el empaste, la pincelada y el color. Pero también Munch en sus obras dio cabida al amor, aunque fuera mirando el lado oscuro y la tensión entre éste y el dolor. Obras más vitalistas y alegres acompañarían su tormentosa vida, aunque siempre acompañadas de un intenso y profundo pasado.

munch

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