El origen mítico de Madrid


Seguro que en el colegio a todos os hablaron de los orígenes míticos de Roma, de como el héroe troyano Eneas tras la guerra con los griegos emprendió un viaje que le llevó hasta el Lacio y que sus descendientes los gemelos Rómulo y Remo, después de una milagrosa supervivencia gracias a los cuidados de una loba, acabarían peleándose sobre en qué lugar fundar una nueva ciudad, triunfando finalmente Rómulo y dando así nombre a la ciudad eterna de Roma.

Pues bien, durante el siglo XVII, concretamente en el reinado de Felipe III, numerosos literatos y eruditos vinieron a reflexionar sobre los orígenes de Madrid, llegando a la conclusión de que la capital de todo un señor imperio como el Imperio español de entonces, no podía, o más bien no merecía tener un origen menos épico que el de Roma. Así se fraguó el origen legendario de la fundación de Madrid.

Al igual que Roma, para conocer los orígenes de Madrid nos tendríamos que remontar a la Guerra de Troya. La leyenda dice que, entre los supervivientes que huyeron tras la caída de la ciudad, se encontraba el príncipe Bianor, que a través del estrecho de los Dárdanelos, llegó hasta la actual Albania donde fundó su reino. A su muerte le sucedió su hijo Tiberis.

Pero Tiberis se encontró con un dilema durante su reinado. Había tenido dos hijos, uno legítimo al que llamó también Tiberis y uno ilegítimo con una bella campesina llamada Manto, apodada “ la fatídica”, que decidió llamar a su hijo Bianor como su abuelo. Tiberis temiendo que en el futuro Manto azuzará a Bianor a reclamar el trono, decidió entregarle una importante suma de dinero a cambio de que abandonasen el reino. Madre e hijo se dirigieron al Norte, donde Bianor fundó la ciudad de Mantua, en Italia, en honor a su madre.

Ya en Mantua, Bianor tuvo un sueño premonitorio en el que se le aparecía Apolo y le instaba a partir con su ejército a la tierra donde moría el sol. Tras este sueño Bianor se hizo llamar Ocno Bianor, que significa “el que ve el porvenir a través los sueños”. Pero Manto se burló de la aparente ingenuidad de su hijo. A los pocos días una enfermedad desconocida extinguió las vidas del sacerdote de Apolo, y de los principales jefes militares de la ciudad. Comprendiendo lo profético del sueño, Manto accedió a dejar marchar al joven.

Tras un largo viaje de más de diez años lleno de aventuras, Ocno Bianor llegó por fin a un lugar en donde nuevamente se le manifestó Apolo. El dios le ordenó fundar en ese preciso lugar una ciudad, poblarla y ofrecerla a los dioses. Cuando despertó de su sueño, Ocno Bianor observó el terreno y lo encontró bello, luminoso, abundante en agua y rico en vegetación de encinas y madroños. En este lugar encontró a un grupo de pastores que le dijeron que eran carpetanos y que provenían de oriente y habían llegado al interior de esta península, después de fundar grandes ciudades en la costa y perderlas a manos de otros pueblos. Sus sacerdotes les habían impedido fundar nuevas ciudades hasta que recibieran una señal de los dioses, y así vivían como nómadas hasta que la señal llegara.

Los carpetanos en principio recelaron de las intenciones, pero Bianor les indicó que en su sueño Apolo le había dicho que el no podría reinar en la ciudad, sino que al contrario debería ofrecer su vida para que la ciudad pudiese vivir feliz. Persuadidos con esta revelación carpetanos y mantuanos se pudieron a construir la ciudad, pero cuando se dispusieron a consagrarla, surgió la discordia: los mantuanos querían consagrarla a Apolo, pero los carpetanos querían consagrarla  al culto de toros y verracos de piedra.

En esta situación, Bianor oró a Apolo para que le orientase con su sabiduría, quedándose profundamente dormido. Apolo acudió en sueños y le indicó que la ciudad había de ser consagrada a Metragirta, conocida entre los romanos como Cibeles, diosa de la Tierra, la naturaleza, las cavernas, la muerte y la resurrección, quien se había sacrificado para que existiese la concordia en la tierra. Al igual que ella, Apolo anunció a Bianor que había llegado el momento de su sacrificio.

Al despertar, Bianor reunió el consejo de ancianos y les comunicó la voluntad de Apolo. Debía ser sepultado vivo en un profundo pozo, al morir terminaría pacíficamente la discordia. Así se hizo, en un ceremonioso ritual donde todo el pueblo permaneció sentado alrededor del pozo durante toda una luna. La última noche se desató una gran tormenta, y al resplandor de los relámpagos, desde las cumbres del Guadarrama descendió una nube en forma de carro sobre la que se adivinaba, la figura de una mujer.

Desde entonces la ciudad se llamó con el nombre de la diosa, Metragirta, nombre que con el devenir de los siglos, pasó a ser Magerit y posteriormente Madrid.

No se puede negar que los literatos del siglo XVII consiguieron con esta historia una leyenda a la altura de las grandes épicas grecorromanas. Si queréis conocer más sobre los orígenes entre históricos y legendarios de nuestra ciudad, lo que hay de cierto y lo que hay de inventado os invitamos a acompañarnos en una ruta por el Madrid Medieval.

 cibeles

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