El hambre en Madrid


Todos los 2 de mayo los madrileños disfrutamos de un día de fiesta que sumado al día 1 de mayo, día del Trabajo, nos permite tomarnos un merecido descanso. No hace falta recordar que el 2 de mayo fue elegido como día festivo de la Comunidad de Madrid en memoria del levantamiento que en esa misma fecha en 1808 protagonizaron los hombres y mujeres de Madrid contra la invasión de las tropas francesas.

Habitualmente miramos la Guerra de la Independencia desde una óptica llena de romanticismo, populismo y heroicidad y se nos olvida la brutalidad, miseria y dureza que toda guerra conlleva. Hoy os queremos acercar a una obra artística que plasma esta otra cara de la guerra, sin por ello estar exenta de orgullo y grandeza. Pero no, no hemos elegido a Goya, sino a un autor más desconocido para el gran público: José Aparicio e Inglada y su obra “El hambre en Madrid”.

José Aparicio (Alicante 1773- Madrid 1838) fue un pintor español adscrito a la escuela neoclasicista y considerado uno de los mejores representantes de la misma. Comenzó su formación en Valencia, en la Real Academia de San Carlos y después llegó a Madrid para estudiar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Ganó varios concursos y en 1799 obtuvo una beca para estudiar en París, donde se convirtió en alumno nada menos que de Jacques-Louis David.

A la llegada de las tropas francesas se negó a jurar fidelidad a José I Bonaparte lo que llevó a su entrada en prisión. Con el fin de la guerra fue nombrado pintor de cámara de Fernando VII. La entrada de los liberales en el gobierno pone fin a su carrera, muriendo en la miseria, a pesar de haber sido uno de los pintores más reconocidos de su tiempo.

Esta obra “El hambre en Madrid”, más que un cuadro de Historia es una alegoría histórica en el que trata desde la solemnidad clásica el tema de la miseria que padecieron los madrileños durante la guerra. Del grupo de madrileños famélicos y harapientos destaca el cuerpo de la mujer ya muerta junto a su pequeño, en contraste con el grupo de franceses uniformados y vigorosos, así como el contraste en la mirada triste y desesperada del anciano madrileño frente a la mirada de fiereza y crueldad del soldado francés que queda a la izquierda del cuadro. El autor no escatima en detalles, mostrando la anatomía frágil de quienes padecen la carencia de alimentos, el ansia de quien ha encontrado aunque sea una mísera monda que llevarse a la boca, los padecimientos del hambre que afectan a todos: ancianos, niños, hombres y mujeres.

Pero no hay que olvidar que José Aparicio era un monárquico, que además pinta este cuadro en 1818 con Fernando VII ya en el poder y anclado en el Absolutismo, se trata por tanto de un cuadro propagandístico, de hecho explícitamente propagandístico, observerse la leyenda que reza en la columna de la derecha “nada sin Fernando”. Por eso a la realidad misérrima de la guerra y al sufrimiento y desesperación del pueblo madrileño, hay que otorgarle cierto tono de carácter y orgullo, de ahí que la escena refleje el momento en que una parte de esos franceses ofrece pan y alimentos a los hambrientos madrileños, y que estos rechazan manteniéndose así fieles a su patria y que incluso levanta las suspicacias del personaje del fondo que se abalanza sobre los militares franceses y es frenado por su mujer que lleva a su bebé en brazos, lloroso por la falta de alimento.

Con todo, aunque José Aparicio destacó como autor de temas patrióticos y su obra esta cargada de propaganda, no se puede negar su virtuosismo en la línea y el dibujo, convirtiéndose esta obra en una de las más populares del autor.

c8b51145-ec91-49c6-9fc2-4d07eee755bd-1024x732

Leave a Comment

*Required fields Please validate the required fields

*

*

Próximas visitas

    Categorías