Arturo Barea y Lavapiés

Si resuena el Avapiés en mí, como fondo sobre todas las resonancias de mi vida (…). Allí aprendí todo lo que sé, lo bueno y lo malo. A rezar a Dios y a maldecirle. A odiar y a querer. A ver la vida cruda y desnuda tal como es. Y a sentir el ansia infinita de subir y ayudar a subir a todos al escalón de más arriba… Escribió el autor del libro La forja de un rebelde.

Arturo Barea (Badajoz 1897-Faringdon, Inglaterra 1957), es uno de los grandes escritores del siglo XX españoles y pronto pondrá nombre a una plaza en Lavapiés. ¿Dónde? Muy cerca del lugar donde estudió hasta los 13 años, las Escuelas Pías de San Fernando, un convento y colegio fundado en 1729 por la Orden de los Escolapios del que sólo nos queda la iglesia, hoy sede de la biblioteca de la UNED en Lavapiés.

Arturo Barea es uno de los escritores más reconocidos de los últimos tiempos, sin embargo olvidado por el régimen franquista, al que pronto rendirá homenaje la ciudad de Madrid igual que lo hiciera él durante su exilio en Inglaterra en la primera obra de su trilogía La forja de un rebelde. La forja forma junto a La ruta y La llama, una de sus mejores novelas y en ella desgrana con auténtico esmero algunos de los momentos de su vida en Lavapiés.

Barea llegó a Madrid como tantos otros extremeños junto a su madre viuda y sus hermanos en busca de una vida nueva y siendo su madre lavandera en el Manzanares, pudo acceder a las Escuelas Pías de San Fernando gracias al apoyo de sus tíos, mientras él y su familia vivían en una humilde buhardilla en la calle de las Urosas, hoy calle Luis Vélez de Guevara, junto a la antigua Plaza del Progreso, actual Tirso de Molina.

Barea escribió La forja de un rebelde durante su exilio en los años cuarenta, se publicó en inglés y fue su esposa quien tradujo la obra al castellano porque el manuscrito se perdió, y a pesar de la maestría en sus palabras, no fue hasta 1978 que pudiera ver la luz en España  por primera vez.

Barea narra la infancia y adolescencia de un joven de Madrid y los crudos momentos que vivió Madrid durante el asedio, viendo arder aquella escuela que le vio crecer.

 (…)mi vieja escuela estaba ardiendo. Me fui rápidamente, calle del Ave María abajo, y me encontré a Aurelia y los chicos en la calle, mezclados con los vecinos. Me recibieron a gritos. (…)Veinte vecinos comenzaron a la vez a darme explicaciones: los fascistas habían disparado sobre las gentes desde las torres de las iglesias y las gentes las habían asaltado. Todo ardiendo…

 En Julio del 36, Lavapiés fue uno de los escenarios donde se vivió con mayor virulencia el conflicto por ser un barrio obrero de encuentro entre anarquistas, cenetistas, y sindicalistas. Cuentan que corrió el rumor por Lavapiés de que varios falangistas se habían atrincherado en el interior de la escuela y desde allí disparaban a los transeúntes.  Éstos se organizaron para incendiar el interior y es así como narra Barea el terrible suceso:

La escuela Pía estaba ardiendo por dentro. Parecía como si hubiera sido sacudida por un terremoto. La larga fachada de la calles del Sombrerete, con sus cien ventanas correspondientes a las clases y a las celdas de los padres, estaba lamida por lenguas de fuego que surgían a través de las rejas. La fachada principal estaba derruida, una de las torres caída, el atrio de la iglesia demolido.”

Si paseáis por Lavapiés, fijaos en las placas identificativas  que el colectivo La liminal ha colocado en reconocimiento a Barea por todo el barrio.

https://www.laliminal.com/mapa-de-placas-arturo-barea

Pronto tendremos la plaza dedicada a Arturo Barea en lo que hoy popularmente se llama La Corrala.

Mientras tanto, si quieres conocer otros lugares e historias sobre Lavapiés y el Rastro, te invitamos a participar en la visita del próximo fin de semana “Madrid de los barrios bajos”.
¡Te esperamos!

barea2

Leave a Comment

*Required fields Please validate the required fields

*

*

Últimas entradas

Próximas visitas

    Categorías